viernes 3 de octubre de 2008

Sigo por aquí…


Más de uno habrá pensado que mi perseverancia había llegado a su fin y que esto había quedado totalmente abandonado, pero no, no es así…

La pasada semana, anduve unos días por las frías tierras burgalesas, que comparadas con el clima de Valencia, pues parecía que allá ya había llegado el invierno. Pasé los días entre Lerma, Burgos y San Pedro de Cardeña. Pude quedar fascinado por la alegría y la vocación que se vive en las clarisas de Lerma (y de probar las deliciosas pastas), pero también tuve ocasión de recordar muchos momentos, y abrazar a los hermanos de San Pedro de Cardeña, que hacia tantos meses que no veía. Fueron unos días breves, en los que apenas me dio tiempo a nada, pero a la vez a mucho. Buenos y malos momentos, esos siempre los hay, pero feliz, por haber recogido paz durante cuatro días, y venir con las pilas cargadas. El caso es que me he dado cuenta de que la batería todavía está a mitad, así que el próximo jueves, aprovechando el puente, me iré esos días, al monasterio trapense de Benaguacil, al cual quiero como si fuese mi hogar, y allí acabaré de recargar las pilas.


La rutina ya ha comenzado, el tiempo brilla por su ausencia y vuela más rápido de lo habitual… Pero bueno, allá vamos, con gran alegría e ilusión en la facultad de Teología, y aguantando como se puede en la facultad de Filosofía, pero bueno, no me puedo quejar. A todos los que me leéis, como supongo que ya habéis empezado todos vuestra rutina, pues también os deseo un muy feliz comienzo, y que no deis un solo paso sin tener a vuestro lado al Señor.


PD. Esto lo iré actualizando cuando tenga un rato, y prometo no contar mi vida como lo estoy haciendo hoy, sino algo que nos dé más que pensar, o que nos haga sentir algo más.


Un fuerte abrazo.

miércoles 17 de septiembre de 2008

La misteriosa llamada de la vocación


«Mira que nací culpable, pecador me concibió mi madre»
(Sal. 50, 7)


No es que me lo pregunte ahora, sino que es una pregunta la cual llevo formulándome ya mucho tiempo: ¿Por qué yo? Sí… ¿por qué yo?


Conozco a muchas personas cuyas vidas son ejemplares, realmente dignas y ellos no sienten la llamada de la vocación sacerdotal o religiosa, siguen a Dios sí, pero como seglares, tarea también la cual es bien difícil y comprometida. Desde el primer día que comencé a sentir la llamada de la vocación me extrañe… ¿yo? tan indigno de servir a Dios mediante el sacerdocio, tan cargado de defectos y tan escaso de virtudes… ¿yo? Pues sí… y Él se empeña… y cada día me lo recuerda: «Oye, recuerda que te he llamado...». Y me anima oír eso de sus labios, pues son fuerzas que se reciben para seguir luchando, para seguir lijando mi interior, hasta que quede totalmente liso, sin ninguna aspereza. Y en ello estoy, y en ello pongo mi empeño cada día. Sin dejar de pensar que no merezco tal llamada, pero esforzándome por ponerme a su disposición y estar listo para hacer aquello que Él me diga, e ir allá donde Él me llame.


Y meteré la pata cien millones de veces, estoy seguro, pero con su fuerza y su ayuda, siempre podré levantarme, y de nuevo reemprender el camino. Al fin y al cabo Él es «el buen pastor», y acabará llevando la oveja descarriada a buen puerto.


En fin… In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum; fiat voluntas tua.

viernes 12 de septiembre de 2008

El dulce nombre de María


No sólo nos suena a inmensa dulzura su nombre, sino también toda su persona, todo su ser. Cuando gusto de contemplar toda su vida, jamás logro imaginar a María enojada, o de mal humor… más bien todo lo contrario, la imagino siempre dulce y con una sonrisa en la boca. Incluso cuando Jesús se quedó rezagado en el templo y les dio a ella y a José un gran disgusto, ella reaccionó con inmensa dulzura aceptando la voluntad de Dios y meditándola en su corazón. Igualmente en los peores momentos de su vida: durante la pasión, ella se sometió con dulzura a lo que debía suceder para que se cumpliesen las Escrituras. No alzó la voz, no lloró desconsoladamente en público para que todos viesen su dolor… No. Lloró amargamente en su interior y no dejó de mostrar jamás a todos su dulzura; incluso durante la muerte de su hijo, no dejó de ser esa dulce madre que siempre había sido.

Hoy celebramos, ese dulce nombre, aunque por lo visto, en el santoral de la Iglesia ha pasado a llamarse «el santísimo nombre de María»; para mí sigue (y seguirá siendo) el dulce nombre de María. Santidad ya sabemos que lo es toda ella, pero clave de esa santidad es también su dulzura, y no debemos olvidarla. Así pues, celebremos con gozo este dulce nombre, y démosle la importancia que se merece; ya que como dice San Bernardo: «De María numquam satis», y triste realidad es.


Ojalá algún día logremos ser, por la intercesión de tan bienaventurada madre, tan dulce como lo fue ella, en todos los momentos de nuestra vida, incluso cuando se nos presenten las mayores adversidades. María es clave en nuestro día a día, nos lo dice la Salve, y gran verdad es: Vida, DULZURA y esperanza nuestra.


¡Dios te Salve!

martes 9 de septiembre de 2008

Fides


A noi pare di ascoltare le ultime parole di Lui, quelle che la memoria dei presenti raccolse e ricordò nel loro suono originale, parole gridate a gran voce dal morente Crocifisso: «Eloi, Eloi, lama sabactani», che significa: «Dio mio, Dio mio, perché mi hai abbandonato?» (Mc. 15, 34).

Messaggio radio-televisivo di Paolo VI al termine della «via crucis». Venerdì, 24 marzo 1978.


Cuidemos la luz de la fe, para que nunca se apague…

sábado 6 de septiembre de 2008

In noctibus benedicite Dominum


La noche: esa relegada solitaria, olvidada, tan insulsa pudiendo ser tan fecunda… No conozco las costumbres del resto de los países, mal viajero de mi, que no he salido apenas de casa; pero en España, se ha convertido en un hábito el acostarse más bien de madrugada que durante la noche (y no precisamente por motivos laborables); y, claro, por consiguiente pues toca levantarse bien entrada la mañana o incluso llegado ya el medio día. Evidentemente para el que no sea creyente, las palabras que siguen a continuación, ni le van ni le vienen en absoluto, aunque si tocasen un poco (sólo un poco) su corazón, bien que me alegraría. Para los que somos creyentes, en la Biblia hallamos varias referencias a la noche, especialmente y de forma notable, en estas hermosas palabras del Salmo 118:


«Por la noche me acuerdo de tu nombre, Yahvé, quiero guardar tu ley». (55)


«Me levanto a medianoche para darte gracias, por la justicia de tus normas». (62)


«Me adelanto a la aurora y pido auxilio, espero en tu palabra.

Mis ojos se adelantan a las vigilias nocturnas, a fin de meditar en tu promesa». (147-148)


Ahora en verano, como ya se sabe, los horarios andan totalmente desbarajustados; el resto del año, gusto de retirarme al descanso nocturno no más tarde de las once de la noche. Tras rezar Completas y hacer un poco de lectura, me gusta dormir lo antes posible, así podré estar de nuevo en pie, allá a las seis menos cuarto, cuando la aurora se avecina, pero todavía la noche es pura y profunda. Saborear cada una de las palabras del Oficio de Lecturas y los Laudes, en el profundo silencio de la noche, mientras ves el nacer de un nuevo día y la rotura de las tinieblas por la gran obra de la luz; es algo insustituible.


Si sois también de los que como el salmista os adelantáis a la aurora y a las vigilias, estoy seguro en que compartiréis conmigo la opinión de la importancia clave de este momento de oración en la noche. A los que, cuando os levantáis, ya ha amanecido por completo, probad un día a levantaros cuando todavía la noche parece ser insondable, y luego me decís… Seguro que no os defraudará.


La noche es momento también del solemne silencio, y por lo tanto, momento de escucha callada de la voz más recóndita y a la vez más cercana de Dios. Dios habla cuando, donde y como quiere, sí… ¿pero nos dejará el ajetreo del día que se avecina escucharle con claridad? Tal vez lo escuchemos… sólo tal vez… pero tal vez también, sólo oigamos su voz distorsionada por el barullo mundanal…

viernes 5 de septiembre de 2008

¿Qué veis?

¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Dios como un almendro
con la flor despierta;
Dios que nunca duerme
busca quien no duerma,
y entre las diez vírgenes
sólo hay cinco en vela.


¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Gallos vigilantes
que la noche alertan.
Quien negó tres veces
otras tres confiesa,
y pregona el llanto
lo que el miedo niega.


¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Muerto le bajaban
a la tumba nueva.
Nunca tan adentro
tuvo al sol la tierra.
Daba el monte gritos,
piedra contra piedra.


¿Qué ves en la noche,
dinos, centinela?

Vi los cielos nuevos
y la tierra nueva.
Cristo entre los vivos,
y la muerte muerta.
Dios en las criaturas,
¡y eran todas buenas! Amén.


Por hoy «sólo» esto. Mañana, si Dios quiere, hablaré de la noche…


Mientras tanto, aprovechad la de hoy; ¿quién sabe si mañana saldrá el Sol y ya no volverá a ponerse nunca más…?

jueves 4 de septiembre de 2008

Mundanidad

Hoy no estoy teológico, ni espiritual, sino más bien vano y mundano. Y es que llevo varios días peleándome con internet y con cientos de papeles, para intentar cuadrar el horario de la facultad. Dichosos aquellos a los que en vuestra facultad os dan ya el horario hecho… A los que no, nos toca: primeramente mirar que asignaturas nos interesan (pocas, la verdad, porque la Facultad de Filosofía de Valencia deja mucho que desear); segundo y más importante todavía que lo primero: los profesores, este primer año se me ocurrió coger las asignaturas sin prestar atención a quien las impartía, este año ya no me pasará, aun así, me toca coger algunos que… Dios me de paciencia; tercero y «último»: que las asignaturas no se solapen entre sí por el horario. Es decir, toda una aventura.


Quería aprovechar, y marcharme el domingo una semana de retiro (siempre hago una al final del curso y otra al comienzo), pero me es imposible. Así que me tocará seguir peleándome con papeles, buscándome la vida por internet, y contando hasta diez cada vez que, ingenuo de mi, se me ocurra preguntar algo a los secretarios de la facultad. Supongo que también vosotros ya estaréis volviendo cada uno a vuestra rutina normal, así que feliz comienzo.


La reflexión a la cual os invito hoy, aunque sea mundana cien por cien (pero importante), es la siguiente: ¿Alguien sabe por qué en la Universidad Católica de Valencia no hay filosofía? Es algo que jamás podré entender…

lunes 1 de septiembre de 2008

¿Quiénes somos?

Mis pies caminan por los polvorosos caminos que dirigen a la cartuja de Santa María de Porta Coeli. Me gusta visitarla de tanto en tanto, aprovechando que la tengo al lado de casa. Si están abiertos los portalones de la entrada podré pasear entre los naranjos, sino me conformaré con bordear los inquebrantables muros que parecen separar este mundo y abrir paso a las puertas del cielo.


Camino por el puente que dirige a la entrada principal. Es pleno invierno. Una tarde oscura y lluviosa. A través de la chimenea de una celda comienza a salir humo. Dejo mis ojos fijos durante un rato en las celdas… ¿Quién habrá ahí? No sé quién hay tras esos inmensos muros, no sé cuántos son, no sé quien acaba de encender el fuego, ni como se llama, ni a que se dedica, ni qué edad tiene, no lo sé… No sé nada. Tampoco debe importarme. Sólo sé que será un humilde cristiano que se esfuerza por dejarlo todo, negarse a sí mismo, cargar su cruz y seguir las huellas de Jesús. Al fin y al cabo eso es lo importante, nada más.


Y nosotros… ¿Quiénes somos? ¿Para qué queremos que se sepa más de nosotros o para qué queremos saber más de los demás?...

sábado 30 de agosto de 2008

Servicio al hermano

Cada uno tenemos nuestras propias aficiones o hobbies que pretenden satisfacer una parte de nuestro ser. Cuando los realizamos nos sentimos a gusto, satisfechos, semi-completos… Estos pueden ser muy variados: leer, hacer algún deporte, pintar, escribir…, pero siempre nos queda un vacio, hagamos lo que hagamos. Bien se da el caso en que alguno de estos hobbies te pueden saciar interiormente en el mayor nivel de satisfacción que posteriormente comentaré, pero al no ser mis escritos equivalentes a los de los Padres de la Iglesia, y no servir en la orientación de almas, pues te sigues sintiendo igual de incompleto.

Conocí la ONG Effetá Madre Micaela por boca de una amiga que había estado colaborando en ella; cuando me habló de lo que allí hacían (ayudar a niños pequeños en sus estudios) no me lo pensé dos veces, era justo lo que buscaba. Me puse en contacto con Víctor, uno de los profesores que allí colaboraba, y así comenzó mi pequeña y humilde andadura dentro de Effetá. Al entrar descubres que ahí está la verdadera satisfacción; los demás hobbies te sirven para distraerte y pasar el tiempo, poco más. Es dentro de esta entrega generosa, donde consigues esa plenitud interior, esa satisfacción indescriptible de la entrega, de la ayuda hacia el más necesitado. Y eres uno más del montón, no eres una figura destacada entre los sabios… ¿y qué? Ese poco que sabes consigues compartirlo con aquellos que tienen más dificultad, más necesidad, y te sientes feliz (seguro que más que los grandes sabios). ¿Para qué te servirá ser tan listo si te lo quedas todo para ti? A la vez que te realizas tú interiormente, con tu humilde aporte ayudas a realizarse también a otros. Effetá es un compartir generoso, es tender una mano a aquellos que más la necesitan, es amistad, es solidaridad… es una luz en la más profunda oscuridad.

Fueron dos horas semanales lo que los estudios, y demás obligaciones me permitieron ir a Effetá el curso pasado, pero esas dos horas me sabían a poco; a muy poco. Si viviésemos ensimismados en nosotros acabaríamos siendo unos infelices, y cuando te entregas a los demás, sientes la necesidad, de no dejarlo y hacerlo constantemente, de entregarlo todo, y por todos, pues la generosidad no entiende de distinciones. También Effetá me ha sido de gran ayuda a la hora de sacar mi lado más humano, y a no sólo reducir esa generosidad a las dos horas semanales que acudia a Effetá, sino a estar siempre disponible, con los brazos abiertos, esperando a quien lo necesite. Y es que no tiene equiparación, la mayor satisfacción que recibes al ver la sonrisa de los niños y sus caras de agradecimiento.


¡Gracias Effetá!

jueves 28 de agosto de 2008

A la escucha de lo callado…

Silencio. Profundo silencio. ¿Quién puede saborearlo en la ciudad? ¿Quién, en el día a día? Prácticamente nadie, a no ser que posea una gran capacidad para aislarse del mundo que lo rodea. El silencio es ese gran olvidado, ese a quien nadie ya recuerda…


Es en el silencio donde nos descubrimos a nosotros mismos, es en el silencio donde nuestra mente se pone en marcha, es en el silencio donde amamos al hermano, es en el silencio donde la oración se fortalece, es en el silencio donde Dios nos habla…

Tan básico para la existencia, y tan difícil de conseguir…

La vida es como un plato que acabamos de cocinar. El silencio como la sal. Si no lo añadimos al plato quedará insulso… si nos pasamos no habrá quien lo coma, pero si logramos darle el toque perfecto, nos quedará un suculento manjar.


Pero callaré ya, pues si hablo del silencio, no puedo estar alargándome con palabrería vana. Os lo dejo disfrutar.


«Entonces Yahvé pasó, y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas a su paso. Pero en el huracán no estaba Yahvé. Después del terremoto, fuego. Pero en el fuego no estaba Yahvé. Después del fuego, el susurro de una brisa suave. Al oírlo Elías, enfundó su rostro con el manto».

(1 R 19, 11-13)