Más de uno habrá pensado que mi perseverancia había llegado a su fin y que esto había quedado totalmente abandonado, pero no, no es así…
La pasada semana, anduve unos días por las frías tierras burgalesas, que comparadas con el clima de Valencia, pues
parecía que allá ya había llegado el invierno. Pasé los días entre Lerma, Burgos y San Pedro de Cardeña. Pude quedar fascinado por la alegría y la vocación que se vive en las clarisas de Lerma (y de probar las deliciosas pastas), pero también tuve ocasión de recordar muchos momentos, y abrazar a los hermanos de San Pedro de Cardeña, que hacia tantos meses que no veía. Fueron unos días breves, en los que apenas me dio tiempo a nada, pero a la vez a mucho. Buenos y malos momentos, esos siempre los hay, pero feliz, por haber recogido paz durante cuatro días, y venir con las pilas cargadas. El caso es que me he dado cuenta de que la batería todavía está a mitad, así que el próximo jueves, aprovechando el puente, me iré esos días, al monasterio trapense de Benaguacil, al cual quiero como si fuese mi hogar, y allí acabaré de recargar las pilas.
La rutina ya ha comenzado, el tiempo brilla por su ausencia y vuela más rápido de lo habitual… Pero bueno, allá vamos, con gran alegría e ilusión en la facultad de Teología, y aguantando como se puede en la facultad de Filosofía, pero bueno, no me puedo quejar. A todos los que me leéis, como supongo que ya habéis empezado todos vuestra rutina, pues también os deseo un muy feliz comienzo, y que no deis un solo paso sin tener a vuestro lado al Señor.
PD. Esto lo iré actualizando cuando tenga un rato, y prometo no contar mi vida como lo estoy haciendo hoy, sino algo que nos dé más que pensar, o que nos haga sentir algo más.
Un fuerte abrazo.








